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lunes, 23 de diciembre de 2013

COLOMBIA: MUJERES EN EL PEOR DE LOS MUNDOS

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“LAS mujeres de Tumaco padecen la violencia desde antes de nacer. Son violadas siendo bebés, reclutadas como objetos sexuales y se prostituyen para comer. La tradicional mezcla de pobreza y violencia en las regiones se ensaña contra el género femenino.”

La enfermera lloraba. Ni siquiera ella, acostumbrada a la sangre y el dolor, pudo resistir la escena. En sus brazos yacía una mujer sin dientes, pues se los habían tumbado de un puñetazo. Su cuerpo ultrajado estaba cubierto de moretones. Pero esto no fue lo que le sacó las lágrimas. Se trataba 
de una niña de dos años. “Le partieron sus dientecitos de leche”, decía desconsolada. La enfermera debió mover cielo y tierra para que las autoridades actuaran. Y cuando dieron con el victimario, llegaron a una dura conclusión: no era la primera vez que la violaba.
SEMANA visitó Tumaco, llamada la Perla del Pacífico, que se ha convertido en sinónimo de pobreza y abandono. Las calles están devastadas, hay basura por doquier, los barrios de invasión se multiplican sin parar. La mitad carece de un servicio de acueducto, un poco más es pobre y uno de cada tres habitantes no sabe leer ni escribir. Se registran 200 homicidios cada año y han sido víctimas de las Farc, los Rastrojos, los Urabeños y del narcotráfico.
Además de la miseria, en este puerto nariñense la violencia de género se ha vuelto parte del paisaje. Las mujeres viven atemorizadas. Muchas sucumben al maltrato, las reclutan como objetos sexuales o las desplazan por negarse a serlo. De los 58.000 tumaqueños desplazados de la primera década del siglo XXI, más de la mitad fueron mujeres. “La violencia de género sigue invisible e impune”, dice Dora Vargas, de la Pastoral Social de la ciudad.
Un lugar como este es el peor de los mundos para una mujer. En menos de un año se han registrado 74 casos de abuso sexual, la mayoría contra menores de edad. En medio de esa mezcla de pobreza y violencia, las mujeres llevan la peor parte. En muchas casas, los adultos y los niños deben compartir pequeños cuartos, donde el abuso es frecuente. “Descubrimos que un padrastro abusó de sus cinco hijastras”, dice una delegada de Acnur.
La situación afecta a las más jóvenes, pues la pobreza lleva a muchas a vender sus cuerpos. “Lo que más nos duele es que muchas niñas entre los 6 y 10 años ofrecen sexo oral por hambre”, le dijo a SEMANA una dirigente comunal. 
“Apenas ven que su cuerpo se está formando le ponen el ojo y empiezan a acosarla, y si la niña no accede, le toca irse”, dice la líder de un barrio afectado. Así, hacer maletas y huir se ha convertido en el mejor camino, pues los criminales siempre terminan reclutando a las niñas que se quedan. Un dirigente local, que pidió el anonimato, añade: “A algunas las explotan prostituyéndolas y a otras las vinculan a la organización haciéndolas servir como campaneras o llevar droga”.
El apetito sexual de los jefes de las bandas criminales parece insaciable. Quienes conocen el mundo de esas organizaciones dicen que hay un código interno según el cual cada integrante puede escoger como trofeo a una adolescente. Después de abusar de ellas, las abandonan, embarazadas, en sus casas y salen a la caza de nuevas esclavas sexuales.
La situación en Tumaco representa lo que viven miles de mujeres en zonas del país, lejos de las urbes y en los epicentros del conflicto. El puerto es hoy una de las ciudades que la ONU eligió para un sistema de gestión de datos de violencia de género. El programa funciona en 17 países, y Colombia es el único de América Latina. 
No obstante, según el secretario de Gobierno, Hernán Cortés, la comunidad ha erigido un muro de desconfianza que impide la denuncia. Vaya paradoja: quienes más ayuda necesitan no la reciben. No porque no la quieran, sino porque ya no le creen a nadie.

martes, 6 de septiembre de 2011

Colombia: Periodista Jineth Bedoya ante la CIDH

foto:terra.com.co

http://www.rnw.nl/espanol/article/colombia-periodista-jineth-bedoya-ante-la-cidh.

 "Hoy se presenta ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos el caso de la reconocida periodista colombina, Jineth Bedoya. Como más de 400.000 colombianas, Jineth fue víctima de los crímenes sexuales perpetrados en el conflicto armado de ese país".

Eran cerca de las 10 de la mañana del 25 de mayo del 2000 cuando la actual subdirectora de la sección judicial del periódico El Tiempo, Jineth Bedoya Lima, llegó a la cárcel Modelo de Bogotá para realizar una entrevista con un paramilitar, quien la había contactado previamente. Jineth nunca llegó a la cita, que resultó ser una trampa pues, a plena luz del día, frente a la puerta principal del penal y ante una patrulla policial y muchas personas presentes en el lugar, la periodista fue secuestrada. La comunicadora fue privada de la libertad durante 16 horas, torturada física y psicológicamente, y violentada sexualmente por sus captores. Finalmente, fue abandonada en cercanías a la localidad de Villavicencio al oriente de Colombia.
Durante 11 años, Jineth Bedoya ha buscado y esperado justicia y aunque su caso fue puesto en conocimiento de la Fiscalía y de que la CIDH pidió especial protección e investigación, los avances judiciales han sido mínimos. Cansada de esperar, Jineth Bedoya junto con la Fundación para la Libertad de Prensa –FLIP y Oxfam a través de su Campaña “Violaciones y Otras Violencias: Saquen Mi Cuerpo de la Guerra”, presenta hoy ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) una denuncia contra el Estado Colombiano por su caso.

"Falta la voluntad para la paz en Colombia"
Una historia contada en primera persona

Jineth Bedoya lleva más de 15 años cubriendo el conflicto colombiano desde todos los frentes como dice ella. A través de su deambular por la geografía de su país en busca de las historias y los rostros protagonistas de los más de 50 años de conflicto en Colombia, se ha topado de frente con la escalofriante e invisible realidad de los crímenes sexuales relacionados con el conflicto armado. Jineth nunca imagino que tendría que vivirlo en carne propia y quizás por ello prefirió guardar silencio durante más de 9 años: “Después de la agresión, por decisión de vida, yo decidí seguir siendo periodista y no víctima y mi refugio fue el periodismo. Entendí que si quería hablar del drama de otras personas, tenía que olvidarme del mío porque de lo contrario no iba a ser capaz de seguir adelante”.
Sin embargo, entendió que su testimonio, escuchado por ser ella una periodista reconocida y por trabajar en el periódico más importante de Colombia le entregaba la responsabilidad de hablar por aquellas mujeres indígenas, campesinas, madres cabeza de familia, que no lo podían hacer. La comunicadora se ha convertido en el rostro de una campaña que pretende denunciar que en Colombia entre el 2002 y el 2009 más de 94 mil mujeres fueron violadas por los agentes armados. Unas estadísticas que arroja también la escalofriante cifra de cerca de 24 mil niños nacidos de estas agresiones según datos de Oxfam Internacional. En un periodo de tiempo más largo y que comprende la arremetida paramilitar en Colombia en la década de los 90, se estima que cerca de 400 mil mujeres fueron víctimas de algún tipo de delito sexual en medio de incursiones militares y de masacres.
Víctimas invisibles
A pesar de las dimensiones de los delitos sexuales en medio del conflicto armado, la situación de las cientos de miles víctimas ha sido prácticamente invisible. Una realidad que reconoce la misma Fiscal General de Justicia y Paz, Elba Beatriz Silva, quien está al mando del equipo de profesionales encargados de investigar los crímenes de lesa humanidad y de guerra que se cometieron entre los años 2000 y el 2006 en el marco de la aplicación de la ley que permitió la desmovilización de miles de paramilitares en Colombia.
La Fiscal Silva admite que se debieron cometer muchos abusos contra las mujeres en medio del conflicto pero asegura que, según las investigaciones, no solo individuales sino también de tipo colectivo realizadas hasta el momento, se puede establecer que no existió por parte de la comandancia paramilitar una política expresa de abusos sexuales como arma de guerra. Una teoría que rebaten las organizaciones de mujeres y la misma Jineth Bedoya quien en sus 15 años de ejercicio profesional escuchó, vio y constató infinidad de historias que parecen caer en el olvido.

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