OTRAS FORMAS DE LA GUERRA IMPERIALISTA

Ruth Alba García 









Monsanto, empresa norteamericana que fue fundada en 1901 como empresa química, ha sido a lo largo de su crecimiento una de las más polémicas por productos como el Agente Naranja, los TCB, el glifosato, hormonas de crecimiento y las semillas transgénicas. El temible Agente Naranja fue parte de la guerra química de Estados Unidos contra Vietnam (1961-1971) con el pretexto de “privar a la guerrilla de la cubierta vegetal que le protegía”, contaminando a tres millones de personas, entre ellos sus mismos soldados, produciendo muertes, mutilaciones y alteraciones genéticas como cáncer, fetos siameses, macrocefalia, hidrocefalia y malformaciones óseas.
El PCB –policloruro de bifelino-, otro producto de esa empresa, fue muy utilizado en las décadas 60 y 70 del siglo pasado como recubrimiento de transformadores, interruptores y termostatos; hoy se considera uno de los 12 contaminantes más nocivos, responsable de enfermedades como el cáncer y epidemias de hepatitis; afirman científicos que todo el planeta está contaminado de PCB.
El glifosato, cuyo nombre comercial es Roundup, patentado por Monsanto, es un herbicida de amplio espectro y que va de la mano con los cultivos modificados genéticamente (transgénicos). El glifosato es altamente tóxico, produce anomalías celulares, daña la superficie del suelo y contamina el nivel freático (manto acuífero). En Colombia la fumigación extensiva con glifosato se hizo a través del Plan Colombia para “erradicar los cultivos de coca”. Solo en el año 2000, 1’311.662 personas fueron desplazadas a causa de las fumigaciones que van acompañadas de la militarización de las zonas, las investigaciones sobre las consecuencias para la salud y el medio ambiente son silenciadas.

¿Qué son los transgénicos?

Los transgénicos (OMG) son organismos modificados mediante ingeniería genética para producir características deseadas, como en los productos agrícolas para hacerlos “resistentes a las plagas” y vendidas las semillas con la falsa publicidad de no requerir herbicidas o abonos. Las primeras semillas modificadas “exitosamente” fueron de soya (1996) y hoy se extiende la práctica a semillas de maíz, algodón, canola y más.

Esas semillas son resistentes al glifosato, por tanto al fumigar los cultivos solo quedan en pie las plantas de ese origen, los cultivos nativos tradicionales son arrasados produciendo lo que se ha llamado “los desiertos verdes”. A la semilla natural se le altera el núcleo celular con un gen resistente al Roundup.
Hasta ahora la mayoría de los transgénicos se cultivan en Estados Unidos, Canadá, Argentina y Brasil, pero vienen avanzando en Sudáfrica, Indonesia, China, Alemania, España (único de la UE), India, Paraguay, Honduras y Colombia. Algunos países los han prohibido. En América Latina el maíz transgénico entró de manera irregular por Paraguay (2000-2004) y en 2005 se legalizó; a Brasil en 2007 entraron 40 millones de semillas Roundup Ready (resistentes al Roundup) y se vienen extendiendo por el continente.
En la India Monsanto impuso sus semillas de algodón BT, cuatro veces más costosas que las nativas y que, contrariamente a lo que dice la publicidad, sí requieren de herbicidas y abonos producidos por la misma empresa. Monsanto, que controla la totalidad de los cultivos de algodón allí, ofrece préstamos para que adquieran sus costosas semillas transgénicas, los campesinos se ven cada vez más endeudados y obligados a adquirir nuevos préstamos y, como esas semillas no tienen los altos rendimientos que dice la publicidad, los campesinos deben adquirir paquetes tecnológicos más caros y dañinos para la biodiversidad.
Esto ha originado una ola de protestas campesinas duramente reprimidas, las deudas de los campesinos son impagables y la miseria creciente, lo que ha llevado a la escandalosa cifra de 280 suicidios en los seis primeros meses de este año.

El ejemplo de México

En México, que posee 150 variedades de maíz, se prohibió el ingreso de maíz transgénico, pero sectores campesinos e indígenas denuncian las mutaciones de algunas plantas, alteraciones trágicas que califican de “monstruos” que evidencian el ingreso irregular del “maíz industrial” (y que ahora se legaliza con el TLC con Estados Unidos). En Paraguay la mayoría de los propietarios de la tierra son extranjeros y sus cultivos transgénicos han producido la expulsión de campesinos de sus parcelas por cuanto no son compatibles con las especies naturales, impidiendo los cultivos de pancoger y contaminando las fuentes de agua.
Los cultivos transgénicos hacen desaparecer los convencionales, los alimentos y la miel; destruyen todo a su alrededor, arruinan la biodiversidad, traen pobreza, desplazamiento, enfermedades y muerte y ponen en riesgo la seguridad alimentaria. Monsanto es una transnacional que lo que no logra por la vía “legal”, como los TLC, lo logra contaminando subrepticiamente.
El 90% de los cultivos de soya en Estados Unidos son transgénicos, en general el 70% de los alimentos producidos allí lo son. Las vacas manipuladas con la hormona BST o del crecimiento bovino (también de Monsanto) sufren recurrentemente de mastitis lo que hace que la leche que producen esté contaminada con pus y antibióticos. Y esos son los productos agrícolas y la leche que nuestros gobiernos nos imponen con los TLC. Además los OGM entran masivamente en la cadena alimenticia a través de los piensos utilizados para alimentar a los animales y de los alimentos transformados como chocolates, margarinas, caldo Maggi o cereales Kellogg’s
Los OGM no están diseñados para resolver los problemas de hambre en el mundo sino para producir más ganancias a las corporaciones, Monsanto es dueña del 90% de las semillas transgénicas en el mundo y con el aval y la ayuda de gobiernos corruptos va haciendo desaparecer las semillas convencionales.
Este documento no es para que nos sintamos decaídos. Es para tener más elementos que reafirmen nuestro objetivo: luchar por una sociedad mejor, luchar contra el modelo neoliberal, luchar por el socialismo.
http://prensarural.org/spip/spip.php?article12711

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