PERALOCA



Jorge Gómez Gallego*, Medellín, junio 14 de 2013

Como al “pobre Peraloca”, personaje popularizado por el humorista uruguayo Hebert Castro, a la cuadrilla neoliberal que gobierna Colombia, “se le dijo, se le recomendó, se le advirtió, se le anunció, se le avisó” todo lo que iba a pasar con la producción y el trabajo nacional por la dócil aceptación del llamado “libre comercio” impuesto por Estados Unidos y los órganos multilaterales de crédito que controla. Como en el sainete radial “no hizo caso... se pasó el consejo por la faja, se hizo el de la vista gorda, no quiso escuchar y al final todo salió como estaba previsto”

Las importaciones provenientes de Estados Unidos aumentaron un 20%, al tiempo que nuestras exportaciones a ese destino crecieron un modesto 3% durante el primer año de vigencia del TLC con esa nación; los precios de compra de leche al productor cayeron de forma vertiginosa por cuenta de la inundación de importaciones lácteas que nos azota; crece la ruina de miles de productores de artículos de cuero y calzado, acompañada de la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo; cierre de las plantas de Icollantas en Cali y Bogotá. Estas son apenas unas muestras del aplastamiento que padece nuestro aparato productivo bajo el alud de importaciones que apenas empiezan a caer por efecto de la entrada en vigencia de los TLC firmados por los gobiernos anteriores y que al por mayor seguirá firmando Santos según sus propias declaraciones.

Son chistes crueles los anuncios de nuevos TLC’s con Turquía, Israel, Panamá, Costa Rica, la Alianza del Pacífico, Japón y hasta China, al tiempo que resultan inaceptables las próximas aprobaciones y entradas en vigencia de los firmados con la Unión Europea y Corea. Todo ello, a pesar de los efectos dañinos que ya se evidencian en virtud de los que han empezado a regir con México, Centro América, la CAN, Mercosur, Estados Unidos, Chile, el CARICOM, el EFTA (Suiza, Liechtenstein, Noruega e Islandia). Al paso que vamos quedará faltando solo la firma de un TLC con el país “del nunca jamás”.

Todas las cifras son dramáticas, pero algunas ameritan análisis: en el último año las importaciones lácteas han crecido un 363%, las de cuero y calzado un 97%, las de prendas de vestir en un 200% y las de carne de cerdo en un 104%. ¿Cabe en alguna mente sensata la posibilidad de que el consumo de esos productos se haya disparado en esas proporciones? Desde luego que no, tal y como lo evidencia el director de FENALCO cuando revela el descenso en las ventas del comercio en el país en lo que va del año. La realidad es que esas importaciones baratas por efectos diversos como la tasa de cambio o los subsidios que de diversas formas otorgan las naciones de origen a sus productores, están desplazando nuestra producción y nuestro trabajo.

Hacen fila para declararse en bancarrota muchos otros sectores productivos: electrodomésticos, metalmecánica, petroquímica, autopartes, arroz, carne de res y un larguísimo etcétera. Mientras eso sucede, la otra cara de la moneda se puede ver en Estados Unidos. Por primera vez en seis años, el superávit comercial que Colombia ha tenido con el mayor imperio conocido en la historia de la humanidad, se ha contraído. Lo peor, sigue reduciéndose en este año y el pronóstico es que más temprano de lo que nadie había imaginado, pasaremos de superávit a déficit.

El “pobre Peraloca” que encarnara el llamado “coloso del humorismo” o “el hombre de las mil voces” y que fuera creación del libretista antioqueño Eloy Alfaro Cadavid, nunca hacía caso de las advertencias y por ello siempre terminaba mal.

Hoy ese galán bufo es interpretado por Juan Manuel Santos. A diferencia del Peraloca de Hebert Castro, su inadvertencia ha perjudicado en materia grave a quienes le notificaron oportunamente sobre los desastres que causarían los TLC. Ellos, trabajadores y empresarios nacionales, serán los mismos que terminen dejándolo maltrecho y derrotado mediante las portentosas movilizaciones sociales que se aprestan a librar contra la globalización neoliberal y en defensa del trabajo y la producción nacional.

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