Colombia, ¿cuál unidad nacional?



El ciclo electoral del 2010, llegó a su cierre con lecciones severas para las fuerzas sociales y políticas que pretenden una nueva sociedad. Con Juan Manuel Santos elegido como nuevo Presidente, se abren interrogantes más de fondo acerca de la verdad del futuro de la nación y de los habitantes de este país.

La segunda vuelta para elegir presidente en Colombia, conmovió muy poco a su población. Pareció más un ejercicio de trámite. Con una abstención que rozó el 56 por ciento, sumada a los votos en blanco (455.330, es decir el 3.4 por ciento), es claro que el 59 por ciento de los connacionles es indiferente ante el nuevo mandatario. Que no comparte sus propuestas o está en contra de él y sus anuncios. Peor aún, si a estas cifras se suman los votos nulos (1.49 por ciento), y los tarjetones no marcados (0,74 por ciento), muchos de los cuales se pueden entender como otra forma de protesta.

Votos y legitimidad

Los resultados de la primera vuelta, con 6.758.539 sufragios para el uribismo y 3.120.716 para los verdes (las dos fuerzas más votadas), no permitía vaticinar sorpresa alguna, más aún, cuando estos últimos con su discurso en aspectos de moral y de forma, con poco de fondo y esforzándose, por demás, por parecerse al máximo a Uribe, se cerraron a cualquier tipo de alianza.

Sobresale de este resultado, sí, el esfuerzo mediático por destacar que es la votación más alta que haya obtenido presidente alguno. Un rezo cuya traducción podría ser: que Santos es el más legitimo. Argucia que llama la atención, porque oculta las cifras de abstención, voto en blanco, voto nulo y tarjetones no marcados.

Ahora viene la rapiña

Otro aspecto que llama la atención es la insistencia de Juan Manuel Santos en su consigna de “unidad nacional” que anunció desde el comienzo de la campaña para la segunda vuelta. Esta consigna fue la nota central en el discurso pronunciado como Presidente electo. ¿Por qué esta insistencia?
¿Acaso, a diferencia de Uribe, Santos pretende superar la distancia que mantiene con una parte importante del país? ¿O, tal vez, es una estrategia para ganarse al partido liberal y descomponer a los verdes?

Cualquiera sea su explicación, ya obtuvo su primer logro: sumar nueve millones de votos. Un importante sector de los liberales –con afán de cuota burocrática- se volcó a apoyarlo. Otros sectores, como el Partido Conservador y Cambio Radical no dudaron como sus aliados seguros. Cruzados por las diferencias y continuidades con las políticas heredadas, ahora viene la rapiña. El tira y afloje por la distribución de ministerios, embajadas, y el resto de la torta burocrática,

Falta por ver si algún ofrecimiento concreto, ministerial, para los verdes empalaga a Enrique Peñalosa y echa por la borda la consigna de Mockus de “independencia y deliberación” con borrón de su futuro como fuerza independiente que tendría su primera prueba de fuego con las elecciones a
gobernaciones y alcaldías en el 2011.

La unidad nacional de boca para afuera

En cuanto al conjunto nacional no vinculado a ninguno de estos partidos, las políticas efectivas que ponga en marcha el nuevo Presidente, sobre todo en su propagandeado ataque al desempleo y la pobreza, serán fundamentales para saber si la “unidad nacional” procede o queda rota por la evidencia práctica. Y todo indica, sin duda alguna, que en materia económica habrá continuidad. La “unidad” no pasará, por tanto de un ejercicio de lengua y dientes para la foto.

Sus anuncios en materia de tratamiento al conflicto y a la insurgencia, por otro lado, deja claro que la “unidad nacional” dependerá de la efectividad de la fuerza y el peso de la sangre, sin emprender nada de diálogo.

Así las cosas, podríamos decir que estamos ante un ejercicio mediático, que se verá claramente afectado desde los primeros días del nuevo gobierno, cuando las medidas reales que tomará en materia económica –más impuestos– cierren las puertas de las mayorías que no votaron por Santos.

Lecciones para las fuerzas alternativas

Una primera y principal a tener en cuenta, resulta de que dada la crisis social y humanitaria que merecía un voto castigo para “la continuidad del uribismo” la realidad indica que el puente está roto o muy deteriorado con la mayoría de la sociedad colombiana, entre ellos los indiferentes y los abstencionistas, pero también con aquellos que votaron en conciencia por el nuevo Presidente, a pesar de todos sus antecedentes y de la herecnia que representa. Sin duda, en nuestro país ganó espacio y legitimidad otra cultura, la de los no derechos, la de la violencia sin par, la del más fuerte, la cual plantea un inmenso reto para las fuerzas del cambio.

Hay que enfrentar esta nueva cultura, y a la par, hacer conciencia de que toda fuerza que pretenda ser alternativa, tiene que orientarse, y lograr movilizar, esa inmensa y multiple franja de la sociedad que hasta ahora no se siente concitada por ningún mensaje.

Por otra parte, hay 9 millones de connacionales que están de acuerdo con la mano dura y la guerra. Hacia ellos es poco el quehacer por ahora, aunque en un futuro hay que construir un mensaje para que cambien de actitud. Sobre esta franja social es destacable su disciplina, evidenciada en una votación que no fue desestimulada por ninguno de los siguientes factores: saber que ya habían ganado, el mundial de fútbol, la intensa lluvia que afectó todo el país.

La segunda se deriva para los contrarios al nuevo gobierno, quienes tienen el reto de hacerse activos en todo tiempo y lugar, y no solo pronunciarse en momentos de coyuntura electoral. Todo militante de la causa del cambio y la renovación en Colombia, debe comprender que éste llegará si cotidianamente hay miles de miles que entrelazan actividades y despiertan simpatías y nuevas militancias entre todos aquellos que se sienten en desacuerdo con los gobiernos de turno, sin encontrar hasta hoy canales para hacer sentir su voz disconforme.

La tercera indica que no se puede dejar de agitar el programa de campaña que levantaron las fuerzas opositoras. Superando prácticas electoralistas el mensaje de estos meses debe tener un continum que permita a la población reflexionar, discutir, agregar, desarrollar, superar, etcétera, aspectos de tal programa, de tal manera, que comprueben que su construcción exige y depende de acciones que van mucho más allá de las mismas elecciones.

Parte de este ejercicio, entonces, demanda que se tenga y se desarrolle desde ahora, antes del mismo 7 de agosto, un plan económico que denuncie y neutralice toda la agenda económica que se avecina, pero además, que empodere a los ciudadanos con una agenda de gobierno y poder que siembre semillas de «un nuevo gobierno», aquí y ahora.

El Congreso de los Pueblos

Aspecto sustancial de esta ejercicio, estará dinamizado por la apertura, instalación y primeras sesiones del Congreso de los Pueblos, que será anunciado para todo el país el próximo 19 de julio a través de marchas que tomarán cuerpo en Bogotá, Cauca, Santander y otros departamentos y ciudades, y que tendrá sus primeras sesiones en octubre venidero.

Es a este espacio de unidad en la calle, del común del pueblo, y dirección táctica oportuna, experiencia de nueva coordinación social y política, a quien corresponde liderar la Unidad Nacional efectiva. Encontrar los lenguajes, los métodos y estilos, el tiempo, las consignas precisas para que los sectores populares en Colomiba retomen el liderazgo que los sufrimientos no dan espera.

Las elecciones pasaron. Nuevos y viejos retos están y siguen vigentes.

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